Suki Desu, Capítulo 3
Capitulo 3
Toque de queda
Sabía que su hermano no tenía la culpa, que intentaba acercarse a él pero... Era algo que no podía evitar. Siempre que alguien se acercaba a él actuaba de esa manera para que se alejaran. Ya era bastante peligroso para sí mismo como para permitir que alguien más se le acercara.
Casius caminó durante un tiempo sin rumbo fijo. Se fijaba de vez en cuando en los escaparates de las tiendas y en la gente con la que se cruzaba. Las gafas de sol le conferían un poco de intimidad y el hecho de tener un humor de perros estaba haciendo que la gente lo esquivase incluso varios metros antes de cruzarse con él. Algunos hasta lo miraban con miedo a su paso, como si fuera a saltar cuando menos lo esperasen.
En su mente solo había un nombre: Zether. Cuando era pequeño había jugado con él varias veces pero, cuando se volvieron a encontrar, era completamente diferente... Y poderoso. Había sido educado como un rewop normal pero sus poderes eran todo menos eso. Los poderes de Zether eran muy superiores a los de otros rewops y de eso se dieron cuenta tarde.
Casius apretó los puños y aceleró el paso. Comenzaba a sentir otra vez esa rabia y ahora no tenía ningún pendiente que le ayudara a controlar su poder.
La puerta crujió cuando Casius la abrió y avisó al anciano que estaba tras el mostrador. La tienda estaba demasiado oscura para que entraran turistas.
-Buenos días, Casius. - Le saludó el anciano levantándose de la silla y rebuscando entre los bazares del mostrador.
-Hola viejo. ¿Sabes que no has encendido las luces?
-¿No lo he hecho? Vaya... Con razón hoy no ha venido nadie. - Respondió dejando lo que estaba haciendo y yendo hacia el interruptor de la luz guiándose por la pared. - Ya está, ahora sí estoy oficialmente abierto. - Concluyó.
-Deberías contratar a alguien que te ayude. Ya no puedes hacer ni lo más fácil.
-Los chicos de hoy en día no entenderían nada ni quieren perder el tiempo en lo que hago. ¿Acaso te interesa? - Casius casi se atragantó y comenzó a toser.
-Diablos, no. - Respondió.
-¿Lo ves? - Inquirió con una sonrisa. - ¿Lo mismo de siempre?
-¿Has podido mejorarlos? El último me ha durado más pero ha acabado hecho añicos. Agradéceselo a mi hermano.
-No creo que el Señor Steir tuviera esa intención.
Casius bufó pero no dijo nada.
El anciano volvió a rebuscar en los bazares hasta que palpó lo que buscaba y lo puso encima del mostrador.
-Es el último que he hecho así que habrá que probar qué tal va. De todas maneras te recomiendo que te lleves unos cuantos de los otros por si acaso.
-Gracias. - Dijo cogiendo el pendiente y colocándoselo en la oreja. Inmediatamente sintió cómo su poder se veía doblegado por el pendiente y ocupó un segundo lugar en su mente. - Parece que funciona.
El anciano le había dado la espalda y estaba metiendo algunos pendientes iguales al que llevaba ahora Casius en la oreja en una pequeña cajita. En realidad no eran nada del otro mundo, solo un pequeño brazalete que se colocaba en el lóbulo de la oreja y se cerraba sobre el mismo. Pero internamente tenían un mecanismo que frenaba los poderes de los rewops.
-Me alegro. Aunque seguiré con mis experimentos. Algo me dice que volverás aquí dentro de poco.
-Casius se rió ampliamente. Si los siguientes días iba a tener que lidiar con Darien y hablar de Zether, seguro que volvería pronto... Muy pronto.
-Será mejor que empieces ya. - Le sugirió. - Y que limpies un poco. El que tú no puedas ver no quiere decir que los demás tampoco lo hagamos.
-Salió de la tienda con un poco de mejor humor. Dentro no se había quitado las gafas y ahora miraba directamente al cielo. Era un día claro y soleado, uno de los que le gustaban. No tenía nada que hacer y había planeado pasar todo el día en el hotel durmiendo pero, con la visita de su hermano, y la posibilidad de que siguiera allí cuando volviera, descartaba la idea de acercarse al mismo.
-En fin. - Dijo. - Empecemos a indagar.
-Sus pasos se encaminaron hacia un callejón poco iluminado del que desapareció en cuestión de segundos.
??????????
Aislan estaba en su asiento de la universidad tomando notas sobre la clase. Su profesora era una de las mejores médicas que había en Andrash a pesar de no ser una rewop y se había convertido, desde hacía tiempo, en su modelo a seguir.
El timbre la sorprendió y miró el reloj. Era hora de salir y solo disponía de una hora para comer y llegar hasta la casa del primer niño al que le daba clase. El aula ya casi estaba vacía al ser la última hora; todos quería salir de allí. Sentada en su asiento, la doctora conversaba con algunos alumnos que se le habían acercado.
Recogió con rapidez todo lo que tenía en su mesa y salió corriendo del aula. Tenía todo estudiado: se compraría algún sandwich en la máquina y se lo iría comiendo por el camino. Se acercó a la misma e introdujo el dinero justo para que ésta le diera a cambio un sandwich mixto. Lo metió en su bolso y se encaminó a la salida.
La universidad parecía un mundo aparte. En ella también había distintas clases, por supuesto, pero las instalaciones estaban diseñadas para la comodidad y disfrute de todos. Se componía de un enorme edificio donde se impartían varias clases a la vez de distintas carreras.
En realidad, no era la única universidad que existía en Andrash sino que había cinco universidades ubicadas en cinco lugares diferentes que albergaban distintas carreras.
Todas ellas estaban diseñadas de la misma forma, en color blanco y azul, con los logos correspondientes, una U sobre un fondo que representaba el mundo. En total contaban con cuatro plantas con un amplio pasillo que daba acceso a las aulas.
Cada planta correspondía a un nivel mientras que, la primera planta, estaba destinada a oficinas y despachos.
Junto a la universidad había otro edificio anexo que albergaba la biblioteca, destinada en exclusividad a las carreras que se impartían en ella.
Por último, estaban los sótanos, dedicados como salas de prácticas, laboratorio y ensayos para poner a prueba los conocimientos de los alumnos.
Los aledaños de la universidad eran unos enormes y laberínticos jardines donde poder descansar o encontrar un lugar donde trabajar tranquilamente.
Mirara donde mirara, veía muchos rewops que paseaban por los jardines o en los pasillos de las plantas. Apenas se veían humanos allí y sabía que tenía prohibido acercarse a ellos, era una de las reglas de estar en la clase alta.
Tampoco es que contara con muchos amigos rewops. Éstos la despreciaban por ser una humana o bien le tenían celos por estar en la universidad con solo dieciséis años. Aunque eso no le importaba a Aislan. Ya era bastante con saber lo que pensaban de ella con mirarlos a los ojos como para acercarse para que se lo dijeran en su cara.
Así, su día a día siempre era solitario. Nada más salir de la universidad se encaminó hacia la izquierda. Le quedaba por delante un buen trecho hasta llegar a su destino, un camino con una larga calle que se veía atravesada en varios tramos.
A cada lado había casas pintadas casi todas ellas de blanco, iguales entre sí. En algunas se oían niños o perros pero otras parecían estar vacías, en espera de sus dueños.
Aislan miraba de vez en cuando su reloj y, cuando solo le faltaban treinta minutos para llegar a su destino, decidió que era hora de sacar su comida y disfrutar de ella el poco tiempo que le quedaba.
Se centró en su bolso abriéndolo mientras seguía caminando sin darse cuenta de que dos hombres se acercaban por la izquierda en una de las calles transversales por las que caminaba.
El primero de ellos apenas la rozó levantando solo una ligera brisa al pasar por delante. Aislan levantó la vista en ese momento para ver qué había pasado pero no pudo fijarse mucho más porque escuchó un grito y, al segundo siguiente, estaba tirada en el suelo con un tío encima suyo, tocando donde no debía.
-I...I...¡Ittai!(¡Duele!)¡Se puede saber qué haces! - Gritó Aislan. - ¡Aléjate de mí! - Chilló más fuerte al ver que el chico tenía la mano en uno de sus pechos y su cabeza entre ellos.
El chico alzó la vista y la miró. Llevaba unas gafas de sol que aún conservaba a pesar del golpe y un pendiente en su oreja. Su pelo era negro con mechas rojas y parecía no tener cara de buenos amigos.
-¿¡Por qué no te has apartado!? - Increpó el joven.
-¿¡Y yo qué sabía!? ¡Has sido tú quien se me ha tirado encima! - Exclamó dándole algunas patadas para que se quitara de encima de ella y poder levantarse.
-Me has hecho perder a ese tipo. - Recriminó. - Un poco más y le hubiera sacado todo. - Murmuró poniéndose de pie.
-Arigato (Gracias) por preocuparte por mí. - Dijo Aislan mientras se levantaba y recogía su bolso. Rebuscó dentro de él y se dio cuenta que su sandwich no estaba. “Estupendo”, se dijo.
-Vas a tener que pagarme un sand... - Dijo pero se quedó a mitad de la frase cuando vio que ya no estaba el chico con el que se había chocado. - Genial... -Sencillamente genial.
Aislan cerró el bolso con furia, miró el reloj y salió corriendo rugiéndole las tripas. Tendría que esperar a conseguir algo por la noche para acallar su estómago.
??????????
Eran más de las nueve de la noche cuando salió de la última clase que tenía. Cuando había llegado el padre del niño le comentó que al día siguiente tenía un examen y que necesitaba más horas para prepararlo. Aislan había supuesto que, al ser un rewop, al menos se ofrecería a llevarla a casa para que no la detuvieran por transgredir el toque de queda pero no había sido así.
Acababa de salir de la casa y corría como alma que lleva al diablo hasta su casa. Tenía que atravesar una zona poco transitada de la que, además, sabía que era un lugar de encuentro entre los rewops. Cuando, en otras ocasiones, pasaba por allí nada más dar el toque de queda, no encontraba a nadie pero ya había pasado más de una hora y dudaba si arriesgarse, y así estar en casa en quince minutos o menos, o dar toda una vuelta e invertir al menos treinta minutos.
Aislan sopesó sus opciones y finalmente echó a correr hacia un lugar poco iluminado. Tan mala suerte no iba a tener.
El lugar que tenía que atravesar era una calle atravesada, por arriba, por otra. No es que fuera un lugar poco frecuentado, en realidad muchas personas paseaban por allí, pero a las ocho de la tarde ese era territorio rewop.
Se encaminó con paso decidido hasta el lugar cuando, antes de poder darse cuenta, vio que salían un grupo de cuatro personas, tres hombres y una mujer. Iban riendo y hablaban en voz alta.
Aislan intentó retirarse sin que se dieran cuenta de que estaba allí, cosa que no sabían, pero tuvo la mala fortuna de golpear una lata que había en el suelo y alertó a todos de su presencia haciendo que la miraran.
-¿Qué más me puede ir mal hoy? - Masculló intentando darse la vuelta sin parecer demasiado nerviosa y así hacerles pensar que podía ser igual que ellos.
-¿Dónde crees que vas? - Preguntó alguien a su derecha. Aislan se detuvo y lo miró. Era un chico de unos veinte años con el pelo corto y puntiagudo. Tenía una cicatriz en la mejilla izquierda y sus ojos eran, uno rojo, y otro negro.
-¿Qué tal un poco de diversión? - Le dijo otro a su izquierda. Aislan se volvió hacia él. Éste tendría unos treinta o cuarenta años y era mucho más fornido que el otro joven. Llevaba varios pendientes en las orejas y en las cejas. Sus ojos eran, uno rojo, y el otro verde.
Dio un paso atrás pero golpeó con el pecho de otro de los hombres.
-¿Te vas tan pronto?
Éste le puso las manos sobre los hombros y Aislan tembló. Podía sentir la fuerza que tenía.
-¿Qué hace una chica como tú por aquí? - Le preguntó el hombre que tenía a sus espaldas.
-Por favor, llego tarde. - Respondió. - Si mi amo me descubre... - Mintió.
Los únicos que podían saltarse el toque de queda eran los esclavos de los rewops así que, si se hacía pasar por uno de ellos, tenía alguna oportunidad de salir de allí.
-¿Y quién es tu rewop? - Preguntó el hombre de su izquierda mientras le cogía un mechón de pelo y se lo llevaba a su rostro para olerlo. Ese gesto le desagradó a Aislan pero no dijo nada.
-Está por allí, cerca. Tengo... Tengo que reunirme con él. - Dijo eludiendo dar un nombre.
-¿Cerca? Pequeña, acabamos de pasar por ahí y no hay nadie. Parece que te han dejado atrás. - Comentó riendo el hombre de su espalda.
Aislan no podía más. Sabía que estaba en peligro y necesitaba salir de allí cuanto antes; si se quedaba podía correr el riesgo de que alguno usara sus poderes y, entonces si, se convertiría de verdad en una esclava.
Avanzó hacia delante para separarse de ellos y se encaró. Ahora veía al hombre que había a su espalda. Tendría unos veinticinco años y era rubio. Su pero era corto y lo llevaba despeinado, cosa que le sentaba bien. Su ojo derecho era naranja mientras que el otro era rosa.
Era bastante alto y bien parecido. Éste le sonrió.
-De veras que lo siento, pero si no estaba ahí entonces a lo mejor es que llego muy tarde. Sé dónde está así que, si me disculpáis... - Replicó Aislan caminando hacia la calle intentando parecer calmada.
De pronto el joven de la cicatriz agarró su muñeca y la obligó a retroceder. Aislan estaba muerta de miedo, no quería verse en una situación así... Otra vez no...
-No tan deprisa, preciosa. - Le susurró muy cerca de su oído lo que hizo que se estremeciera de pánico. - Si ya llegas tarde, un poquito más no importará.
Aislan miró a los otros. Los tres hombres estaban muy cerca de ella sonriéndole mientras que la chica estaba apoyada en la pared, fumando. Parecía que no le importaba lo que hicieran los otros y no levantaba la vista.
Sabía que tenía que salir de allí cuanto antes y eso fue lo que hizo. Golpeó con su brazo libre el del hombre que la retenía y echó a correr todo lo rápido que podía. Oía detrás los gritos y las risas de ellos siguiéndola de cerca.
Tenía que darles esquinazo, era lo único que podía hacer pero, después de unos minutos corriendo, comenzó a cansarse. Sabía que no los había dejado muy atrás y que debía seguir corriendo pero ya no tenía fuerzas. Entonces se permitió detenerse un poco y mirar atrás. No había ni rastro de ellos pero eso no quería decir nada. Los rewops eran buenos con sus poderes pero, también, rastreando y escondiéndose.
Un golpe hizo que Aislan gritara asustada y volvió a correr sin darse cuenta de que había alguien delante con quien chocó. Ella se vio impulsada hacia atrás y caía al suelo cuando dos brazos la ayudaron a recuperar el equilibrio.
Estaba tan asustada que no se había dado cuenta de que había otra persona en la calle. Lo miró y vio que era otro hombre, de treinta años, con el pelo largo y de color blanco. Llevaba unos pantalones negros y una camisa también negra. A cambio, su abrigo era de color blanco, con el cuello levantado. También llevaba unas pequeñas gafas y, comprobó después, era un rewop, con el color azul en su ojo izquierdo y violeta en el derecho.
-¿Estás bien? - Le preguntó sin soltarla aún.
-Sssi. - Logró responderle Aislan. Deseaba que la soltara y era eso en lo único en que pensaba.
Como oyendo sus pensamientos, el hombre la soltó y ella retrocedió unos pasos de él.
-¡Ahí está! - Gritaron desde el otro lado de la calle.
Aislan se volvió y vio que eran los que antes la habían arrinconado, el que tenía una cicatriz y el de los pendientes estaban ya acercándose aunque no tenía ni idea de dónde estarían los otros.
Cuando los vio andar hacia ella Aislan retrocedió instintivamente hasta que volvió a tropezar con el hombre de antes.
-¿Te están molestando?
-Si. - Respondió.
El hombre la instó a ponerse detrás de él y le sonrió.
-Cierra los ojos si no quieres convertirte. - Le dijo.
Aislan los cerró lo más fuerte que pudo y se agarró al abrigo de ese hombre. Lo único que pudo hacer en ese momento fue escuchar. Oía muchos insultos y golpes. En alguna ocasión ambos se habían desplazado, seguramente para evitar un ataque pero, finalmente, todo volvió a quedar en silencio.
-Ya puedes abrir los ojos. - Le dijo el hombre y Aislan los abrió. No había ni rastro de los otros dos pero sí señales de lucha.
-Gracias. Me ha salvado. - Le agradeció Aislan con una sonrisa.
-No hay de qué. Al fin y al cabo tu encuentro me ha venido bien.
Aislan no entendía esas palabras pero su instinto la hizo separarse de ese hombre.
-Me llamo Zether. - Le dijo amablemente tendiéndole su mano.
-Yo soy Aislan. - Ella también le tendió su mano y la estrecharon pero Zether hizo algo que no esperaba, se la llevó a la boca y la besó haciendo que Aislan enrojeciera.
-Por fin te he encontrado... - Susurró Zether mirándola directamente a los ojos. Su ojo violeta comenzaba a brillar.
-Si me disculpas... - Intervino súbitamente otra persona tapándole con una mano los ojos a Aislan. - Creo que nos ocuparemos nosotros de esta chica.
El tono de voz de la persona que había hablado parecía enojado y el agarre era fuerte, como si quisiera impedir algo.
-Darien. - Dijo Zether. - ¡Qué sorpresa! No esperaba que aparecieras tan pronto.
-Estoy en todos lados, Zether. No eres bienvenido por aquí y lo sabes.
-Ya, ya. - Respondió alejándose de Aislan y de Darien. - Me gusta venir, siento nostalgia.
-Procura que no sea por mucho tiempo.
-Claro. - Convino Zether. - Cuida a esa chica; ha estado en peligro. - Señaló Zether refiriéndose a Aislan.
Ésta había oído la conversación de Darien y Zether. Oyó pasos alejándose y supuso que serían entonces los de Zether ya que Darien seguía tapándole los ojos a ella. En ese momento la mano la liberó de la oscuridad y pudo ver el lugar.
Allí no estaban ellos solos sino que había varias personas más, tanto hombres como mujeres. Sin embargo, ella solo tenía ojos para dos de ellos, una mujer y un hombre, los que faltaban del grupo.
Aislan los miró aterrorizada e intentó escapar pero Darien la sujetó sin mucho problema.
-Tranquila. No vamos a hacerte daño. - Le comentó Darien.
Ella no dejaba de mirar a los dos que se había encontrado antes cuando vio que la chica se acercaba al hombre y le daba un golpe con el bolso. Éste se echó las manos a la cabeza.
-¡Ves! ¡Te lo dije! - Chilló la chica. - ¡Es la última vez que me visto así para cazar rewops!
Aislan se quedó confundida. ¿No eran rewops?
-Ahora estás a salvo. - Dijo Darien que la había soltado ya. Aislan se dio la vuelta y le observó . Era alto y muy elegante. Llevaba un traje azul oscuro y el pelo recogido en una coleta. - Aunque creo que te has saltado el toque de queda... Y bastante. - Añadió.
Aislan miró su reloj y se quedó sin palabras. ¡Era más de las diez de la noche!
Toque de queda
Sabía que su hermano no tenía la culpa, que intentaba acercarse a él pero... Era algo que no podía evitar. Siempre que alguien se acercaba a él actuaba de esa manera para que se alejaran. Ya era bastante peligroso para sí mismo como para permitir que alguien más se le acercara.
Casius caminó durante un tiempo sin rumbo fijo. Se fijaba de vez en cuando en los escaparates de las tiendas y en la gente con la que se cruzaba. Las gafas de sol le conferían un poco de intimidad y el hecho de tener un humor de perros estaba haciendo que la gente lo esquivase incluso varios metros antes de cruzarse con él. Algunos hasta lo miraban con miedo a su paso, como si fuera a saltar cuando menos lo esperasen.
En su mente solo había un nombre: Zether. Cuando era pequeño había jugado con él varias veces pero, cuando se volvieron a encontrar, era completamente diferente... Y poderoso. Había sido educado como un rewop normal pero sus poderes eran todo menos eso. Los poderes de Zether eran muy superiores a los de otros rewops y de eso se dieron cuenta tarde.
Casius apretó los puños y aceleró el paso. Comenzaba a sentir otra vez esa rabia y ahora no tenía ningún pendiente que le ayudara a controlar su poder.
La puerta crujió cuando Casius la abrió y avisó al anciano que estaba tras el mostrador. La tienda estaba demasiado oscura para que entraran turistas.
-Buenos días, Casius. - Le saludó el anciano levantándose de la silla y rebuscando entre los bazares del mostrador.
-Hola viejo. ¿Sabes que no has encendido las luces?
-¿No lo he hecho? Vaya... Con razón hoy no ha venido nadie. - Respondió dejando lo que estaba haciendo y yendo hacia el interruptor de la luz guiándose por la pared. - Ya está, ahora sí estoy oficialmente abierto. - Concluyó.
-Deberías contratar a alguien que te ayude. Ya no puedes hacer ni lo más fácil.
-Los chicos de hoy en día no entenderían nada ni quieren perder el tiempo en lo que hago. ¿Acaso te interesa? - Casius casi se atragantó y comenzó a toser.
-Diablos, no. - Respondió.
-¿Lo ves? - Inquirió con una sonrisa. - ¿Lo mismo de siempre?
-¿Has podido mejorarlos? El último me ha durado más pero ha acabado hecho añicos. Agradéceselo a mi hermano.
-No creo que el Señor Steir tuviera esa intención.
Casius bufó pero no dijo nada.
El anciano volvió a rebuscar en los bazares hasta que palpó lo que buscaba y lo puso encima del mostrador.
-Es el último que he hecho así que habrá que probar qué tal va. De todas maneras te recomiendo que te lleves unos cuantos de los otros por si acaso.
-Gracias. - Dijo cogiendo el pendiente y colocándoselo en la oreja. Inmediatamente sintió cómo su poder se veía doblegado por el pendiente y ocupó un segundo lugar en su mente. - Parece que funciona.
El anciano le había dado la espalda y estaba metiendo algunos pendientes iguales al que llevaba ahora Casius en la oreja en una pequeña cajita. En realidad no eran nada del otro mundo, solo un pequeño brazalete que se colocaba en el lóbulo de la oreja y se cerraba sobre el mismo. Pero internamente tenían un mecanismo que frenaba los poderes de los rewops.
-Me alegro. Aunque seguiré con mis experimentos. Algo me dice que volverás aquí dentro de poco.
-Casius se rió ampliamente. Si los siguientes días iba a tener que lidiar con Darien y hablar de Zether, seguro que volvería pronto... Muy pronto.
-Será mejor que empieces ya. - Le sugirió. - Y que limpies un poco. El que tú no puedas ver no quiere decir que los demás tampoco lo hagamos.
-Salió de la tienda con un poco de mejor humor. Dentro no se había quitado las gafas y ahora miraba directamente al cielo. Era un día claro y soleado, uno de los que le gustaban. No tenía nada que hacer y había planeado pasar todo el día en el hotel durmiendo pero, con la visita de su hermano, y la posibilidad de que siguiera allí cuando volviera, descartaba la idea de acercarse al mismo.
-En fin. - Dijo. - Empecemos a indagar.
-Sus pasos se encaminaron hacia un callejón poco iluminado del que desapareció en cuestión de segundos.
??????????
Aislan estaba en su asiento de la universidad tomando notas sobre la clase. Su profesora era una de las mejores médicas que había en Andrash a pesar de no ser una rewop y se había convertido, desde hacía tiempo, en su modelo a seguir.
El timbre la sorprendió y miró el reloj. Era hora de salir y solo disponía de una hora para comer y llegar hasta la casa del primer niño al que le daba clase. El aula ya casi estaba vacía al ser la última hora; todos quería salir de allí. Sentada en su asiento, la doctora conversaba con algunos alumnos que se le habían acercado.
Recogió con rapidez todo lo que tenía en su mesa y salió corriendo del aula. Tenía todo estudiado: se compraría algún sandwich en la máquina y se lo iría comiendo por el camino. Se acercó a la misma e introdujo el dinero justo para que ésta le diera a cambio un sandwich mixto. Lo metió en su bolso y se encaminó a la salida.
La universidad parecía un mundo aparte. En ella también había distintas clases, por supuesto, pero las instalaciones estaban diseñadas para la comodidad y disfrute de todos. Se componía de un enorme edificio donde se impartían varias clases a la vez de distintas carreras.
En realidad, no era la única universidad que existía en Andrash sino que había cinco universidades ubicadas en cinco lugares diferentes que albergaban distintas carreras.
Todas ellas estaban diseñadas de la misma forma, en color blanco y azul, con los logos correspondientes, una U sobre un fondo que representaba el mundo. En total contaban con cuatro plantas con un amplio pasillo que daba acceso a las aulas.
Cada planta correspondía a un nivel mientras que, la primera planta, estaba destinada a oficinas y despachos.
Junto a la universidad había otro edificio anexo que albergaba la biblioteca, destinada en exclusividad a las carreras que se impartían en ella.
Por último, estaban los sótanos, dedicados como salas de prácticas, laboratorio y ensayos para poner a prueba los conocimientos de los alumnos.
Los aledaños de la universidad eran unos enormes y laberínticos jardines donde poder descansar o encontrar un lugar donde trabajar tranquilamente.
Mirara donde mirara, veía muchos rewops que paseaban por los jardines o en los pasillos de las plantas. Apenas se veían humanos allí y sabía que tenía prohibido acercarse a ellos, era una de las reglas de estar en la clase alta.
Tampoco es que contara con muchos amigos rewops. Éstos la despreciaban por ser una humana o bien le tenían celos por estar en la universidad con solo dieciséis años. Aunque eso no le importaba a Aislan. Ya era bastante con saber lo que pensaban de ella con mirarlos a los ojos como para acercarse para que se lo dijeran en su cara.
Así, su día a día siempre era solitario. Nada más salir de la universidad se encaminó hacia la izquierda. Le quedaba por delante un buen trecho hasta llegar a su destino, un camino con una larga calle que se veía atravesada en varios tramos.
A cada lado había casas pintadas casi todas ellas de blanco, iguales entre sí. En algunas se oían niños o perros pero otras parecían estar vacías, en espera de sus dueños.
Aislan miraba de vez en cuando su reloj y, cuando solo le faltaban treinta minutos para llegar a su destino, decidió que era hora de sacar su comida y disfrutar de ella el poco tiempo que le quedaba.
Se centró en su bolso abriéndolo mientras seguía caminando sin darse cuenta de que dos hombres se acercaban por la izquierda en una de las calles transversales por las que caminaba.
El primero de ellos apenas la rozó levantando solo una ligera brisa al pasar por delante. Aislan levantó la vista en ese momento para ver qué había pasado pero no pudo fijarse mucho más porque escuchó un grito y, al segundo siguiente, estaba tirada en el suelo con un tío encima suyo, tocando donde no debía.
-I...I...¡Ittai!(¡Duele!)¡Se puede saber qué haces! - Gritó Aislan. - ¡Aléjate de mí! - Chilló más fuerte al ver que el chico tenía la mano en uno de sus pechos y su cabeza entre ellos.
El chico alzó la vista y la miró. Llevaba unas gafas de sol que aún conservaba a pesar del golpe y un pendiente en su oreja. Su pelo era negro con mechas rojas y parecía no tener cara de buenos amigos.
-¿¡Por qué no te has apartado!? - Increpó el joven.
-¿¡Y yo qué sabía!? ¡Has sido tú quien se me ha tirado encima! - Exclamó dándole algunas patadas para que se quitara de encima de ella y poder levantarse.
-Me has hecho perder a ese tipo. - Recriminó. - Un poco más y le hubiera sacado todo. - Murmuró poniéndose de pie.
-Arigato (Gracias) por preocuparte por mí. - Dijo Aislan mientras se levantaba y recogía su bolso. Rebuscó dentro de él y se dio cuenta que su sandwich no estaba. “Estupendo”, se dijo.
-Vas a tener que pagarme un sand... - Dijo pero se quedó a mitad de la frase cuando vio que ya no estaba el chico con el que se había chocado. - Genial... -Sencillamente genial.
Aislan cerró el bolso con furia, miró el reloj y salió corriendo rugiéndole las tripas. Tendría que esperar a conseguir algo por la noche para acallar su estómago.
??????????
Eran más de las nueve de la noche cuando salió de la última clase que tenía. Cuando había llegado el padre del niño le comentó que al día siguiente tenía un examen y que necesitaba más horas para prepararlo. Aislan había supuesto que, al ser un rewop, al menos se ofrecería a llevarla a casa para que no la detuvieran por transgredir el toque de queda pero no había sido así.
Acababa de salir de la casa y corría como alma que lleva al diablo hasta su casa. Tenía que atravesar una zona poco transitada de la que, además, sabía que era un lugar de encuentro entre los rewops. Cuando, en otras ocasiones, pasaba por allí nada más dar el toque de queda, no encontraba a nadie pero ya había pasado más de una hora y dudaba si arriesgarse, y así estar en casa en quince minutos o menos, o dar toda una vuelta e invertir al menos treinta minutos.
Aislan sopesó sus opciones y finalmente echó a correr hacia un lugar poco iluminado. Tan mala suerte no iba a tener.
El lugar que tenía que atravesar era una calle atravesada, por arriba, por otra. No es que fuera un lugar poco frecuentado, en realidad muchas personas paseaban por allí, pero a las ocho de la tarde ese era territorio rewop.
Se encaminó con paso decidido hasta el lugar cuando, antes de poder darse cuenta, vio que salían un grupo de cuatro personas, tres hombres y una mujer. Iban riendo y hablaban en voz alta.
Aislan intentó retirarse sin que se dieran cuenta de que estaba allí, cosa que no sabían, pero tuvo la mala fortuna de golpear una lata que había en el suelo y alertó a todos de su presencia haciendo que la miraran.
-¿Qué más me puede ir mal hoy? - Masculló intentando darse la vuelta sin parecer demasiado nerviosa y así hacerles pensar que podía ser igual que ellos.
-¿Dónde crees que vas? - Preguntó alguien a su derecha. Aislan se detuvo y lo miró. Era un chico de unos veinte años con el pelo corto y puntiagudo. Tenía una cicatriz en la mejilla izquierda y sus ojos eran, uno rojo, y otro negro.
-¿Qué tal un poco de diversión? - Le dijo otro a su izquierda. Aislan se volvió hacia él. Éste tendría unos treinta o cuarenta años y era mucho más fornido que el otro joven. Llevaba varios pendientes en las orejas y en las cejas. Sus ojos eran, uno rojo, y el otro verde.
Dio un paso atrás pero golpeó con el pecho de otro de los hombres.
-¿Te vas tan pronto?
Éste le puso las manos sobre los hombros y Aislan tembló. Podía sentir la fuerza que tenía.
-¿Qué hace una chica como tú por aquí? - Le preguntó el hombre que tenía a sus espaldas.
-Por favor, llego tarde. - Respondió. - Si mi amo me descubre... - Mintió.
Los únicos que podían saltarse el toque de queda eran los esclavos de los rewops así que, si se hacía pasar por uno de ellos, tenía alguna oportunidad de salir de allí.
-¿Y quién es tu rewop? - Preguntó el hombre de su izquierda mientras le cogía un mechón de pelo y se lo llevaba a su rostro para olerlo. Ese gesto le desagradó a Aislan pero no dijo nada.
-Está por allí, cerca. Tengo... Tengo que reunirme con él. - Dijo eludiendo dar un nombre.
-¿Cerca? Pequeña, acabamos de pasar por ahí y no hay nadie. Parece que te han dejado atrás. - Comentó riendo el hombre de su espalda.
Aislan no podía más. Sabía que estaba en peligro y necesitaba salir de allí cuanto antes; si se quedaba podía correr el riesgo de que alguno usara sus poderes y, entonces si, se convertiría de verdad en una esclava.
Avanzó hacia delante para separarse de ellos y se encaró. Ahora veía al hombre que había a su espalda. Tendría unos veinticinco años y era rubio. Su pero era corto y lo llevaba despeinado, cosa que le sentaba bien. Su ojo derecho era naranja mientras que el otro era rosa.
Era bastante alto y bien parecido. Éste le sonrió.
-De veras que lo siento, pero si no estaba ahí entonces a lo mejor es que llego muy tarde. Sé dónde está así que, si me disculpáis... - Replicó Aislan caminando hacia la calle intentando parecer calmada.
De pronto el joven de la cicatriz agarró su muñeca y la obligó a retroceder. Aislan estaba muerta de miedo, no quería verse en una situación así... Otra vez no...
-No tan deprisa, preciosa. - Le susurró muy cerca de su oído lo que hizo que se estremeciera de pánico. - Si ya llegas tarde, un poquito más no importará.
Aislan miró a los otros. Los tres hombres estaban muy cerca de ella sonriéndole mientras que la chica estaba apoyada en la pared, fumando. Parecía que no le importaba lo que hicieran los otros y no levantaba la vista.
Sabía que tenía que salir de allí cuanto antes y eso fue lo que hizo. Golpeó con su brazo libre el del hombre que la retenía y echó a correr todo lo rápido que podía. Oía detrás los gritos y las risas de ellos siguiéndola de cerca.
Tenía que darles esquinazo, era lo único que podía hacer pero, después de unos minutos corriendo, comenzó a cansarse. Sabía que no los había dejado muy atrás y que debía seguir corriendo pero ya no tenía fuerzas. Entonces se permitió detenerse un poco y mirar atrás. No había ni rastro de ellos pero eso no quería decir nada. Los rewops eran buenos con sus poderes pero, también, rastreando y escondiéndose.
Un golpe hizo que Aislan gritara asustada y volvió a correr sin darse cuenta de que había alguien delante con quien chocó. Ella se vio impulsada hacia atrás y caía al suelo cuando dos brazos la ayudaron a recuperar el equilibrio.
Estaba tan asustada que no se había dado cuenta de que había otra persona en la calle. Lo miró y vio que era otro hombre, de treinta años, con el pelo largo y de color blanco. Llevaba unos pantalones negros y una camisa también negra. A cambio, su abrigo era de color blanco, con el cuello levantado. También llevaba unas pequeñas gafas y, comprobó después, era un rewop, con el color azul en su ojo izquierdo y violeta en el derecho.
-¿Estás bien? - Le preguntó sin soltarla aún.
-Sssi. - Logró responderle Aislan. Deseaba que la soltara y era eso en lo único en que pensaba.
Como oyendo sus pensamientos, el hombre la soltó y ella retrocedió unos pasos de él.
-¡Ahí está! - Gritaron desde el otro lado de la calle.
Aislan se volvió y vio que eran los que antes la habían arrinconado, el que tenía una cicatriz y el de los pendientes estaban ya acercándose aunque no tenía ni idea de dónde estarían los otros.
Cuando los vio andar hacia ella Aislan retrocedió instintivamente hasta que volvió a tropezar con el hombre de antes.
-¿Te están molestando?
-Si. - Respondió.
El hombre la instó a ponerse detrás de él y le sonrió.
-Cierra los ojos si no quieres convertirte. - Le dijo.
Aislan los cerró lo más fuerte que pudo y se agarró al abrigo de ese hombre. Lo único que pudo hacer en ese momento fue escuchar. Oía muchos insultos y golpes. En alguna ocasión ambos se habían desplazado, seguramente para evitar un ataque pero, finalmente, todo volvió a quedar en silencio.
-Ya puedes abrir los ojos. - Le dijo el hombre y Aislan los abrió. No había ni rastro de los otros dos pero sí señales de lucha.
-Gracias. Me ha salvado. - Le agradeció Aislan con una sonrisa.
-No hay de qué. Al fin y al cabo tu encuentro me ha venido bien.
Aislan no entendía esas palabras pero su instinto la hizo separarse de ese hombre.
-Me llamo Zether. - Le dijo amablemente tendiéndole su mano.
-Yo soy Aislan. - Ella también le tendió su mano y la estrecharon pero Zether hizo algo que no esperaba, se la llevó a la boca y la besó haciendo que Aislan enrojeciera.
-Por fin te he encontrado... - Susurró Zether mirándola directamente a los ojos. Su ojo violeta comenzaba a brillar.
-Si me disculpas... - Intervino súbitamente otra persona tapándole con una mano los ojos a Aislan. - Creo que nos ocuparemos nosotros de esta chica.
El tono de voz de la persona que había hablado parecía enojado y el agarre era fuerte, como si quisiera impedir algo.
-Darien. - Dijo Zether. - ¡Qué sorpresa! No esperaba que aparecieras tan pronto.
-Estoy en todos lados, Zether. No eres bienvenido por aquí y lo sabes.
-Ya, ya. - Respondió alejándose de Aislan y de Darien. - Me gusta venir, siento nostalgia.
-Procura que no sea por mucho tiempo.
-Claro. - Convino Zether. - Cuida a esa chica; ha estado en peligro. - Señaló Zether refiriéndose a Aislan.
Ésta había oído la conversación de Darien y Zether. Oyó pasos alejándose y supuso que serían entonces los de Zether ya que Darien seguía tapándole los ojos a ella. En ese momento la mano la liberó de la oscuridad y pudo ver el lugar.
Allí no estaban ellos solos sino que había varias personas más, tanto hombres como mujeres. Sin embargo, ella solo tenía ojos para dos de ellos, una mujer y un hombre, los que faltaban del grupo.
Aislan los miró aterrorizada e intentó escapar pero Darien la sujetó sin mucho problema.
-Tranquila. No vamos a hacerte daño. - Le comentó Darien.
Ella no dejaba de mirar a los dos que se había encontrado antes cuando vio que la chica se acercaba al hombre y le daba un golpe con el bolso. Éste se echó las manos a la cabeza.
-¡Ves! ¡Te lo dije! - Chilló la chica. - ¡Es la última vez que me visto así para cazar rewops!
Aislan se quedó confundida. ¿No eran rewops?
-Ahora estás a salvo. - Dijo Darien que la había soltado ya. Aislan se dio la vuelta y le observó . Era alto y muy elegante. Llevaba un traje azul oscuro y el pelo recogido en una coleta. - Aunque creo que te has saltado el toque de queda... Y bastante. - Añadió.
Aislan miró su reloj y se quedó sin palabras. ¡Era más de las diez de la noche!
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