Saga Sangres: Solo en la Eternidad, capítulo 5
-Cuéntame más cosas sobre el mar. - Le dijo Kayla a Darius.
Estaba sentada en la arena con las piernas cruzadas y las rodillas abrazadas por los brazos mientras su cabeza, ladeada y apoyada sobre las rodillas, lo miraba directamente sin perder la sonrisa.
Darius la miró deleitándose en esa pequeña sonrisa pero sin expresarle nada.
-¿Qué quieres saber? - Preguntó.
-¡Todo! - Exclamó echándose a reír. - Nunca he visto el mar así que quiero saberlo todo de él. ¿Tú lo has visto?
-Un par de veces.
-Ya son un par más que yo.
-Hay animales, peces. Hay de muchos tipos, unos inofensivos y otros mortales. Pero la mayoría de ellos suelen ser hermosos.
-¿Qué clase de peces hay?
-¿Los conocerías si los nombrara? - Le preguntó sabiendo la respuesta que le daría ella.
-No. - Contestó sin dejar de sonreír. - Pero me gustaría saber los nombres que tienen.
-Caramels, peces espada, atunes, brecas, alfonsinos, quimeras, moras, relojes anaranjados,...
La risa de Kayla hizo que se detuviera y dejara de mirar al mar, que era lo había hecho, para fijarse en ella.
-¿Qué?
-¡Hay que ver la imaginación que tengo! ¡¡Menudos nombres me he inventado!!
-¿Tú?
-Bueno, no me negarás que tú eres una invención de mi mente. No debo estar muy cuerda para crear a alguien como tú.
Darius no supo si sentirse de alguna forma. Pensaba que él era un producto de su imaginación y, en cierto modo, era natural que llegara a esa conclusión. Nadie nunca podía atravesar los sueños de otras personas y entrar en ellos, al menos que conociera. Tampoco podía hablar de ello con otros así que estaba a ciegas y la forma en la que él irrumpió con Kayla le dejaba a ella la posibilidad de cuestionarse que fuera una imagen creada por su mente.
Aún así, Darius se sintió extraño. No quería que pensara que era una imagen irreal, pero tampoco quería explicarle lo que era realmente porque sabía que se alejaría de él, que haría lo que todos los demás hacían, huir... Y él no podía apartarse de ella.
Kayla dejó de reír cuando lo miró y vio que el mantenía su seriedad. Se soltó las rodillas y gateó hasta ponerse delante de él para que la mirara.
-Lo siento. Supongo que eso no ha sido muy agradable por mi parte. No suelo reírme de la gente así que, aunque seas una invención, seguro que tampoco te gusta que se rían de ti.
No le contestó. No podía hacerlo. Kayla se preocupaba por sus reacciones y, aunque no lo entendía, actuaba de la forma que ella creía la correcta y, desde luego, para Darius era mucho más de lo que otros le daban.
Se levantó del suelo y le dio la espalda intentando recuperarse de esos sentimientos que amenazaban con salir de su corazón y corresponder a los de Kayla. Sólo llevaban hablando un par de ocasiones y nunca demasiado tiempo, así que... ¿por qué cada vez que estaba con ella notaba calor en su corazón? Era mucho más que cuando se había pasado horas observándola en ese mundo lleno de nubes y de oscuridad. Ahora su playa era tal y como debía ser y el sol iluminaba su pálida piel sin llegar a broncearla nunca. La arena brillaba sobre él y le daba un aire etéreo a su figura atrayéndolo más a ella.
-¿Sabes? Me encantaría saber qué les ha ocurrido.
-¿A quién? - Preguntó dándose la vuelta.
Ella ya no lo miraba y también le había dado la espalda. Tenía las manos entrelazadas en su espalda y se apoyaba sobre un solo pie mientras el otro ondeaba alrededor. Su cabeza miraba al cielo y la brisa del mar hacia que su cabello ondeara hacia atrás. Su sonrisa aún persistía.
-Mis hermanos. Seguro que las pequeñas se asustaron mucho y espero que ahora estén bien. Sólo espero que no les haya pasado nada.
-¿Tienes hermanos?
-¡Montones! - Exclamó girándose y sonriendo más. - Yo los cuido. O al menos lo intento.
-¿Y tus padres?
Kayla se detuvo y la sonrisa desapareció de su rostro. Darius se dio cuenta cuando el dolor atravesó su semblante porque fue el mismo que su corazón sintió al verla a ella en ese estado. Por primera vez quiso abrazarla y refugiarla entre sus brazos.
Ella levantó la cabeza y lo miró esbozando una mueca que intentaba simular una sonrisa.
-Mis padres me abandonaron cuando era pequeña.
-Pero entonces... ¿tus hermanos?
-No son mis hermanos de verdad, pero yo los considero como tales. Ellos me quieren mucho y yo los quiero a ellos.
-Estoy seguro de ello. - Respondió más por cordialidad que por saber de lo que hablaba.
Siguió mirándolo fijamente hasta que él le devolvió la mirada.
-¿Ahora qué? - Preguntó con algo de mal humor.
-Tus ojos...
Darius apartó la mirada inmediatamente. Sabía que sus ojos color plateado no gustaban demasiado porque se veían demasiado extraños.
-¡No! Por favor.... - Suplicó Kayla acercándose a él sin llegar a tocarlo.
Él la miró entrecerrando sus ojos esperando que añadiera algo más, algo que ya habría oído otras veces.
-Son hermosos.
Vale, quizás eso dirigido a sus ojos no lo había oído nunca. Abrió más sus ojos y la interrogó con la mirada.
-¡En serio! Me gustan mucho. Son enigmáticos y misteriosos. Como si tú mismo fueras un misterio para los demás. O al menos para mí que para eso te he creado. - Dijo riéndose al final.
Esas palabras, pronunciadas de una forma tan simple, sin darle más importancia que la de describir, estremecieron todo el cuerpo de Darius sintiéndose orgulloso por tener esos ojos, por ser como era. Fue eso lo que le hizo acercarse un poco más a ella y rozar con su mano la mejilla ahuecando su rostro en ella y centrando su mirada en los ojos que lo miraban con sorpresa.
-Tus ojos también son hermosos para mí. Es como si en ellos contuvieras el cielo nocturno.
-Son demasiado oscuros. Muchos dicen que no son nada del otro mundo.
-Para mí son un cielo. El más hermoso que pueda pedir. - Replicó él sin separarse de ella.
-Gr-Gracias.
Kayla se apartó de él aún cuando la mano de Darius quedó suspendida en el aire donde antes había tocado la mejilla de ella. Lo vio bajar el brazo lentamente, como si le doliera haber perdido su contacto pero en su rostro no se mostraba ningún sentimiento que le diera una pista de lo que pensaba.
-¿Siempre eres así de serio?
-¿Perdón?
-¡Vamos! ¡No puedo haberte creado así! Seguro que hay una sonrisa, un enojo o hasta un sonrojo debajo de esa seriedad.
-No. - Dijo tajante.
Elevó las cejas y se lo quedó mirando con sorpresa. Poco después se puso a reír y tuvo que agacharse cuando las piernas le fallaron. Darius se agachó también.
-Mira que soy mala creando cosas. Primero la playa y ahora a ti... - Logró articular entre jadeos.
-¿Tanto ansías que alguien esté contigo en tus sueños? Normalmente los sueños no suelen acompañarse con nadie. - Ella dejó de reír y lo miró. Se secó las lágrimas que tenía en los ojos.
-Esto no es un sueño. No puedo despertarme de él aunque quiera.
-¿Por qué? - Preguntó sintiéndose mal sin saber el motivo.
-No puedo salir de aquí. Estoy en coma. - Contestó ella.
-Kayla... - Murmuró él intentando tocarla de nuevo, sentir su calor en su piel.
****
-¡¡Darius!! - Gritaron agarrándole los hombros y zarandeándolo.
Abrió los ojos con rapidez y se fijó en que aún mantenía el brazo levantado intentando alcanzar a Kayla. Giró su cabeza y vio a Jack. Parecía asustado.
-¡¡Joder, Darius!! Me has dado un susto de muerte. - Le escupió sentándose en la cama a su lado. - Creí que habían vuelto a envenenarte. - Añadió echándose las manos a la cabeza.
-¿Qué ha pasado?
-Nunca duermes tan profundo. ¿Te has tomado algo?
-No.
-Tu esclavo no conseguía despertarte y cuando he llegado para ver si estabas listo y te he visto aún en la cama... ¿Quieres matarme de un infarto? - Bramó encarándose con él.
-No. Solo estaba durmiendo.
-Pues tenía que ser un sueño muy placentero para no querer despertarte.
No lo sabía bien... Darius no contestó a eso sino que se levantó de la cama y dejó que su esclavo empezara a vestirlo con algo más de rapidez que lo normal.
Estaba sentada en la arena con las piernas cruzadas y las rodillas abrazadas por los brazos mientras su cabeza, ladeada y apoyada sobre las rodillas, lo miraba directamente sin perder la sonrisa.
Darius la miró deleitándose en esa pequeña sonrisa pero sin expresarle nada.
-¿Qué quieres saber? - Preguntó.
-¡Todo! - Exclamó echándose a reír. - Nunca he visto el mar así que quiero saberlo todo de él. ¿Tú lo has visto?
-Un par de veces.
-Ya son un par más que yo.
-Hay animales, peces. Hay de muchos tipos, unos inofensivos y otros mortales. Pero la mayoría de ellos suelen ser hermosos.
-¿Qué clase de peces hay?
-¿Los conocerías si los nombrara? - Le preguntó sabiendo la respuesta que le daría ella.
-No. - Contestó sin dejar de sonreír. - Pero me gustaría saber los nombres que tienen.
-Caramels, peces espada, atunes, brecas, alfonsinos, quimeras, moras, relojes anaranjados,...
La risa de Kayla hizo que se detuviera y dejara de mirar al mar, que era lo había hecho, para fijarse en ella.
-¿Qué?
-¡Hay que ver la imaginación que tengo! ¡¡Menudos nombres me he inventado!!
-¿Tú?
-Bueno, no me negarás que tú eres una invención de mi mente. No debo estar muy cuerda para crear a alguien como tú.
Darius no supo si sentirse de alguna forma. Pensaba que él era un producto de su imaginación y, en cierto modo, era natural que llegara a esa conclusión. Nadie nunca podía atravesar los sueños de otras personas y entrar en ellos, al menos que conociera. Tampoco podía hablar de ello con otros así que estaba a ciegas y la forma en la que él irrumpió con Kayla le dejaba a ella la posibilidad de cuestionarse que fuera una imagen creada por su mente.
Aún así, Darius se sintió extraño. No quería que pensara que era una imagen irreal, pero tampoco quería explicarle lo que era realmente porque sabía que se alejaría de él, que haría lo que todos los demás hacían, huir... Y él no podía apartarse de ella.
Kayla dejó de reír cuando lo miró y vio que el mantenía su seriedad. Se soltó las rodillas y gateó hasta ponerse delante de él para que la mirara.
-Lo siento. Supongo que eso no ha sido muy agradable por mi parte. No suelo reírme de la gente así que, aunque seas una invención, seguro que tampoco te gusta que se rían de ti.
No le contestó. No podía hacerlo. Kayla se preocupaba por sus reacciones y, aunque no lo entendía, actuaba de la forma que ella creía la correcta y, desde luego, para Darius era mucho más de lo que otros le daban.
Se levantó del suelo y le dio la espalda intentando recuperarse de esos sentimientos que amenazaban con salir de su corazón y corresponder a los de Kayla. Sólo llevaban hablando un par de ocasiones y nunca demasiado tiempo, así que... ¿por qué cada vez que estaba con ella notaba calor en su corazón? Era mucho más que cuando se había pasado horas observándola en ese mundo lleno de nubes y de oscuridad. Ahora su playa era tal y como debía ser y el sol iluminaba su pálida piel sin llegar a broncearla nunca. La arena brillaba sobre él y le daba un aire etéreo a su figura atrayéndolo más a ella.
-¿Sabes? Me encantaría saber qué les ha ocurrido.
-¿A quién? - Preguntó dándose la vuelta.
Ella ya no lo miraba y también le había dado la espalda. Tenía las manos entrelazadas en su espalda y se apoyaba sobre un solo pie mientras el otro ondeaba alrededor. Su cabeza miraba al cielo y la brisa del mar hacia que su cabello ondeara hacia atrás. Su sonrisa aún persistía.
-Mis hermanos. Seguro que las pequeñas se asustaron mucho y espero que ahora estén bien. Sólo espero que no les haya pasado nada.
-¿Tienes hermanos?
-¡Montones! - Exclamó girándose y sonriendo más. - Yo los cuido. O al menos lo intento.
-¿Y tus padres?
Kayla se detuvo y la sonrisa desapareció de su rostro. Darius se dio cuenta cuando el dolor atravesó su semblante porque fue el mismo que su corazón sintió al verla a ella en ese estado. Por primera vez quiso abrazarla y refugiarla entre sus brazos.
Ella levantó la cabeza y lo miró esbozando una mueca que intentaba simular una sonrisa.
-Mis padres me abandonaron cuando era pequeña.
-Pero entonces... ¿tus hermanos?
-No son mis hermanos de verdad, pero yo los considero como tales. Ellos me quieren mucho y yo los quiero a ellos.
-Estoy seguro de ello. - Respondió más por cordialidad que por saber de lo que hablaba.
Siguió mirándolo fijamente hasta que él le devolvió la mirada.
-¿Ahora qué? - Preguntó con algo de mal humor.
-Tus ojos...
Darius apartó la mirada inmediatamente. Sabía que sus ojos color plateado no gustaban demasiado porque se veían demasiado extraños.
-¡No! Por favor.... - Suplicó Kayla acercándose a él sin llegar a tocarlo.
Él la miró entrecerrando sus ojos esperando que añadiera algo más, algo que ya habría oído otras veces.
-Son hermosos.
Vale, quizás eso dirigido a sus ojos no lo había oído nunca. Abrió más sus ojos y la interrogó con la mirada.
-¡En serio! Me gustan mucho. Son enigmáticos y misteriosos. Como si tú mismo fueras un misterio para los demás. O al menos para mí que para eso te he creado. - Dijo riéndose al final.
Esas palabras, pronunciadas de una forma tan simple, sin darle más importancia que la de describir, estremecieron todo el cuerpo de Darius sintiéndose orgulloso por tener esos ojos, por ser como era. Fue eso lo que le hizo acercarse un poco más a ella y rozar con su mano la mejilla ahuecando su rostro en ella y centrando su mirada en los ojos que lo miraban con sorpresa.
-Tus ojos también son hermosos para mí. Es como si en ellos contuvieras el cielo nocturno.
-Son demasiado oscuros. Muchos dicen que no son nada del otro mundo.
-Para mí son un cielo. El más hermoso que pueda pedir. - Replicó él sin separarse de ella.
-Gr-Gracias.
Kayla se apartó de él aún cuando la mano de Darius quedó suspendida en el aire donde antes había tocado la mejilla de ella. Lo vio bajar el brazo lentamente, como si le doliera haber perdido su contacto pero en su rostro no se mostraba ningún sentimiento que le diera una pista de lo que pensaba.
-¿Siempre eres así de serio?
-¿Perdón?
-¡Vamos! ¡No puedo haberte creado así! Seguro que hay una sonrisa, un enojo o hasta un sonrojo debajo de esa seriedad.
-No. - Dijo tajante.
Elevó las cejas y se lo quedó mirando con sorpresa. Poco después se puso a reír y tuvo que agacharse cuando las piernas le fallaron. Darius se agachó también.
-Mira que soy mala creando cosas. Primero la playa y ahora a ti... - Logró articular entre jadeos.
-¿Tanto ansías que alguien esté contigo en tus sueños? Normalmente los sueños no suelen acompañarse con nadie. - Ella dejó de reír y lo miró. Se secó las lágrimas que tenía en los ojos.
-Esto no es un sueño. No puedo despertarme de él aunque quiera.
-¿Por qué? - Preguntó sintiéndose mal sin saber el motivo.
-No puedo salir de aquí. Estoy en coma. - Contestó ella.
-Kayla... - Murmuró él intentando tocarla de nuevo, sentir su calor en su piel.
****
-¡¡Darius!! - Gritaron agarrándole los hombros y zarandeándolo.
Abrió los ojos con rapidez y se fijó en que aún mantenía el brazo levantado intentando alcanzar a Kayla. Giró su cabeza y vio a Jack. Parecía asustado.
-¡¡Joder, Darius!! Me has dado un susto de muerte. - Le escupió sentándose en la cama a su lado. - Creí que habían vuelto a envenenarte. - Añadió echándose las manos a la cabeza.
-¿Qué ha pasado?
-Nunca duermes tan profundo. ¿Te has tomado algo?
-No.
-Tu esclavo no conseguía despertarte y cuando he llegado para ver si estabas listo y te he visto aún en la cama... ¿Quieres matarme de un infarto? - Bramó encarándose con él.
-No. Solo estaba durmiendo.
-Pues tenía que ser un sueño muy placentero para no querer despertarte.
No lo sabía bien... Darius no contestó a eso sino que se levantó de la cama y dejó que su esclavo empezara a vestirlo con algo más de rapidez que lo normal.
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